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Mensaje del Editor – ENTORNO #17: (a)pagarla – miradas alternas a la energía

Mensaje del Editor – ENTORNO #17: (a)pagarla – miradas alternas a la energía

Por , 5/12/2010   |   Categoría : Ensayo   |   Comentarios : 0

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arquillano Mensaje del Editor   ENTORNO #17: (a)pagarla   miradas alternas a la energíaMensaje del Editor – ENTORNO #17: (a)pagarla – miradas alternas a la energía por Javier Román

En enero pasado se inauguró el edificio más alto del mundo, cambiándosele su nombre de Burj Dubai a Burj Khalifa, en honor al Jeque Khalifa bin Zayed bin Sultan Al Nahyan, quien además de presidente de los Emiratos Árabes Unidos, es también Emir de Abu Dabi, salvador financiero de Dubai tras el reventón de su burbuja inmobiliaria. Eso, en una capital petrolera. Acá, en la capital “de no me acuerdo”, la fauna politiquera, siempre ignorante de las diferencias entre demócratas y republicanos (salvedad reservada para los Ivy Leaguers de los bufetes, el verdadero poder legislativo), cambia el nombre del Centro de Convenciones al de un mesías de progreso, obra y fantasía que nunca ha resucitado.

Igual que las reliquias de la arquitectura (Pei, Gehry, Foster y Nouvel), quienes han tenido que irse hasta Abu Dabi a besar las manos de los jeques, los interesados en hacer fila hasta los nuevos señoritos del patio deben formarse cuanto antes, limpiarse bien los oídos para seguir órdenes al pie de la letra y coserse los labios para evitar preguntas y quejas. Una dosis de amnesia acrítica es requisito para la repartición, en la que nuestros zombieboomers deben estar ya colados, a puerta cerrada, en bufetes, alcaldías y oficinas legislativas. Posmobiblias bajo el brazo.

En este frenesí alimenticio de migajas, las únicas nuevas ideas tardo-moscosistas son una escuela de trapecio en el Triángulo-Dorado-San-Juan-Waterfront-Bahía-Urbana y un gaseoducto para bajarles la factura a las mismas “industrias” a las que les subieron —finalmente— los impuestos. Ignorando el exceso de inventario de hoteles y de vivienda para una nueva clase urbana que nunca existió (porque secaron el pozo), pretenden ahora traer fantasmas del exterior, inventando con garantías de los contribuyentes vía las APP (siempre que se pueda). Con Dubai y su famoso archipiélago-mapamundi-artificial en las mismas, la competencia pinta fuerte: cualquier multimillonario preferiría tener su propia isla a tener un penthouse en una hardly walkable island.

¡Luz al final del túnel! No, eran adornos navideños alumbrando el camino al Viernes Negro: como palomas alrededor de un turista, las madrugadoras se arremolinaron sobre el repartidor en el “desastre por gistros baratos” de Isabela. A tono con la temporada, una “reforma” contributiva ordeñará fondos del sector de los “bolsillos”, para el sector de los “empresarios”. Mientras, los bonistas de la AEE se relamen sabiendo que, adictos al metano o al petróleo, estamos malcriadamente acostumbrados al consumo.

En medio del desierto corrupto de la quema de hidrocarburos, esta edición presenta, por una parte, el diseño como espejismo de gozo estético, y por la otra, varios oasis refrescantes de nuevas prácticas que podrían hacer la vida mejor para todos; en un “país”, “estado”, o “territorio” siempre tratado como lugar de paso para la explotación de fondos federales de la mina del mantengo.

La pregunta para la arquitectura debe ser cuán importantes son en este contexto el mejoramiento del medioambiente y de la calidad de vida, la conservación de un paisaje intacto y el gozo colectivo de la belleza. Todos estos son factores irrelevantes a la hora de subir el switch y prender la luz. Hasta que no aceptemos lo prescindible de la arquitectura, no podremos elevar socialmente el placer estético de la vida; y seguiremos implorando ser necesarios en un lugar donde nada de eso se valora. Quizá por ello todos los proyectos hallados para esta edición provienen de sociedades donde ocurre lo contrario. Aspiremos a más, urgentemente.

Mientras tanto las generaciones jóvenes, al otro lado de la cadena alimenticia, tendremos que conformarnos con algún repartidor de gistros que nos tire algo tangible, real e inmediato. Al menos, como cuenta una amiga sobre enaguas sesenteras, un gistro nos serviría como mecha de molotov, y en un lugar donde los reyes andan desnudos y los bufones coparon la fila al trono, probablemente un gistro nos sea más útil.

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